Hace tiempo tuve conocimiento de una reunión informal entre algunos candidatos políticos. Al calor de la lagartería del momento se discutían los grandes problemas del municipio, así como las soluciones más apropiadas que una persona competente llevaría a cabo en un merecido cargo público. De las conclusiones de esta reunión sólo me llamó la atención una (y es lo único que recuerdo), proferida por alguno de los más eminentes personajes congregados. Según él, el problema de la educación en Soacha es la falta de compromiso de los docentes, quienes deberían trabajar sin importar la retribución económica, pues, afirmaba este egregio orador, la docencia más que una profesión es una vocación. Por supuesto, el apunte fue celebrado y aplaudido por varios de sus más acérrimos seguidores, dando por descubierta la identidad del flagelo que arruina este prístino derecho ciudadano.

