Capitales Golondrina

Viernes 1ro de abril de 2011, por Mateo Velásquez Jiménez




Soacha es una ciudad que, de acuerdo a la categorización establecida por la ley 617, hace parte de los pocos municipios de Colombia clasificados en la categoría 2, lo que significa que sus ingresos son superiores a 200.000 salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Estos ingresos que son transferidos por la nación bajo el Sistema General de Participaciones (SGP), vienen destinados a rubros específicos como la educación en su condición de municipios certificados, por tanto las administraciones municipales son responsables en la ejecución transparente y eficiente de dichos recursos.

En caso contrario, sería la gobernación de Cundinamarca la encargada de administrar esos dineros. Además, fuera de estos recursos, están los ingresos corrientes que se dividen en tributarios y no tributarios. Todos estos dineros van conformando lo que se conoce comúnmente como el presupuesto público, y rige con vigencia de un año y que los municipios de la categoría 2 administran con la normatividad vigente.

Para cualquier municipio del país, la forma responsable, transparente y eficiente como maneje sus finanzas, determinará las posibilidades de su propio desarrollo, de ahí que fenómenos como el de la ciudad de Bogotá, que en el reciente pasado, a partir de la gestión administrativa que inició el alcalde Jaime Castro, dieron una excelente organización administrativa a la capital, lo que ocasionó una transformación en el manejo del gasto público permitiendo que Antanas Mockus durante su primera administración se dedicara a sanear las finanzas públicas.

Esta reorganización administrativa generó los recursos y la mentalidad necesaria para que Enrique Peñalosa lograra hacer importantes inversiones en obras de infraestructura y megaproyectos que impactaron de manera radical en la concepción de ciudad que tradicionalmente se había tenido.

Si recordamos, la primera administración de Antanas se caracterizó por las pocas obras de infraestructura que ejecutó, pero en cambio promovió y desarrollo una intensa y sistemática política pedagógica del manejo transparente y eficiente de los recursos públicos.

Todas las actividades que promovió Antanas desde la idea de la cultura de la transparencia, contribuyeron al paulatino cambio de la mentalidad de los ciudadanos de la capital y por eso no es mejor alcalde aquel que llena la ciudad de obras a costa de la quiebra de la ciudad, sino aquel que con una visión futurista, hace de la ciudad un espacio no solo rentable y con una gran capacidad de inversión, sino que logró empezar a delinear y reconstruir una ciudad más humana, más agradable, más amable, más sostenible y esa es la Bogotá de hoy.

Todo lo contrario ocurre en municipios como Soacha, donde el alcalde, en forma folclórica, raspa la olla como se conoce en el lenguaje popular, lo que ha generado municipios y ciudades quebradas financieramente, de ahí que un candidato serio, antes de prometer vías, escuela, pavimentaciones, escenarios deportivos y cuanta obra se le cruza por la cabeza, debería saber con qué ingresos cuenta, de qué recursos dispone para evitar defraudar a los ciudadanos.

A esta situación se suman las formas de contratación en las cuales los contratistas, que son de la misma ciudad, sus ganancias-producto de los contratos-son invertidas en el mismo territorio que los contrató.

Pero paradójicamente este no es el caso de la ciudad de Soacha. A pesar de que el municipio cuenta con importantes recursos e ingresos, la mayoría de la contratación se realiza con empresarios de otras partes quienes al final hacen la obra con algunas certificaciones de calidad y después se van a invertir sus ganancias a otras partes diferentes al municipio, como ha sido la costumbre en las últimas administraciones locales.

En parte este hecho se explica porque los grandes empresarios del departamento con los aportes y financiaciones que hacen a las campañas políticas, ganen o no sus candidatos, terminan siendo los beneficiarios de multimillonarios contratos en el municipio, acto que no tendría nada de criticable si al menos estas personas hicieran el mercado en Soacha, pero como no es así, estos dineros se van del municipio de la misma forma como llegan, sin la más mínima posibilidad de generar dividendos a las comunidades.

Este movimiento de grandes recursos y capitales es lo que en el argot de la globalización se ha dado en llamar capitales golondrina, que consiste en que grandes empresas hacen sus fortunas con los recursos de un municipio que para nuestro caso es Soacha, pero terminan invirtiendo sus ganancias en otras regiones del país en poco tiempo.

Una de las más graves consecuencias que se han derivado de este modelo de gestión administrativa pública durante los últimos años en el municipio es el deterioro paulatino de la capacidad de inversión de los pequeños empresarios por falta de capital, mientras que otras empresas trasladan sus procesos productivos donde les garantizan lo que aquí se les niega, como el mejoramiento de la infraestructura de servicios, lo que trae consigo la reducción de su capacidad de crecimiento, el deterioro y eliminación de las fuentes de trabajo, la disminución de la capacidad de consumo de sus habitantes, el empobrecimiento del mercado, el comercio y la actividad industrial, en resumen lo que produce este nefasto modelo es el deterioro del bienestar general. Para la muestra basta un botón.

No es sino mirar las páginas de www.periodismopublico.com para que cualquier ciudadano confirme la verdad de estas afirmaciones. En reciente encuentro entre empresarios de CAZUCA y el gobierno municipal, los primeros criticaron duramente la gestión de la actual administración por el abandono al cual los han sometido durante largos años, no obstante ser sus empresas fuentes generadoras de empleos para sus habitantes y de ingresos fiscales para el municipio.

MATEO VELASQUEZ JIMENEZ

SUACHACIUDADESPERANZA@GMAIL.COM

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