Denuncian “mano de obra barata” de venezolanos en el departamento

Viernes 20 de abril de 2018




Vecinos de tres municipios dicen que han sido desplazados de sus trabajos porque los extranjeros cobran menos.

En las calles de 3 municipios del departamento de Cundinamarca aunque la presencia de venezolanos no se puede identificar a simple vista, solo hace falta hablar con la gente o ver las cifras que manejan las autoridades regionales para ver esta problemática. Por ejemplo, según Guillermo Granados, personero municipal de Mosquera, solo en ese municipio se han atendido 336 venezolanos a la fecha.

“Generalmente solicitan su legalización, servicios de salud, cupos en los jardines y colegios del municipio y, además, requieren asesoría en temas laborales ya que están siendo contratados en condiciones complejas”, afirmó el personero Granados.

Por otro lado, Ana Lucía Restrepo, secretaria de Salud de Cundinamarca afirmó que a la fecha se han atendido 1.109 pacientes provenientes del país vecino, y afirmó: “Dolores recurrentes, fiebres altas, diarrea y embarazos no confirmados han sido las principales causas”.

En materia de justicia unos 39 venezolanos han sido detenidos en el departamento, en la mayoría de los casos por hurto a comercio y a personas, aunque en los municipios de Mosquera, El Rosal y Cota también es común que se involucren en riñas y que perturben la tranquilidad de los barrios; a pesar de esto, la queja más recurrente es que su presencia está desplazando la mano de obra colombiana.

“A veces trabajan solo por la comida”, “los empresarios prefieren contratar a los venezolanos porque son más baratos” o “muchos se aprovechan de su situación para explotarlos”; son algunas de las frases que pronuncian los habitantes de estos municipios.

Los venezolanos son contratados como empleados domésticos, floricultores o en construcciones, sin embargo, si no cuentan con los permisos obligatorios requeridos, terminan siendo explotados y sin condiciones laborales dignas, algo como lo que está viviendo Guido, quien llegó de Caracas en el mes de febrero, que aunque es licenciado en enfermería, la única oportunidad laboral que ha encontrado es trabajar como mesero un día a la semana.

Otra venezolana es Natalis Ramírez, quien llegó del municipio venezolano de Puerto Cabello en el mes de enero, y aunque ha logrado establecerse con su pareja en Cota, no cuenta con un permiso de permanencia (PEP) y no ha podido conseguir un trabajo digno en los últimos meses.

A pesar de las problemáticas que estas personas puedan llegar a causar, la otra cara de la moneda está en sus historias, y es que la mayoría son padres, madres, hermanos o hijos, que huyen de la urgente situación de su país buscando mejores condiciones para ellos y sus familias.

Fuente: Caracol.com.co

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