Es necesario pensarse la UDEC

Lunes 2 de abril de 2018, por Julio César Guasca




En los últimos días han salido a la luz pública noticias sobre la Universidad de Cundinamarca y las dificultades que afronta el alma mater del departamento. Mucho se especula sobre la posible desaparición de algunas carreras las cuales hasta hace algunos años acreditaban la universidad por lo menos en el ámbito regional, es el caso de la licenciatura en educación física la cual al parecer presenta un serio riesgo de no seguir ofertándose.

Consecuentemente, gran parte de la comunidad universitaria se encuentra en vilo dada la ineficiente gestión que se ha desarrollado por parte de la administración actual de la UDEC, al punto que se especula sobre la posible desaparición de varias carreras, clara muestra de ello es que la universidad ha venido disminuyendo su calidad al punto de poner en riesgo la oferta de diferentes programas académicos, aspecto muy grave si llega a suceder y que sería el reflejo del fracaso de quienes por años se han enquistado en el direccionamiento de la que se supone es la universidad del departamento.

Desde la propia experiencia personal, puedo decir que la UDEC siempre ha afrontado serios problemas en su estructura interna y que la matriz de los mismos se debe a la gran burocracia que carcome a la universidad así como la consecuente cadena de corrupción que ha existido al interior de la misma, fenómenos muy relacionados con el clientelismo crónico que vive el país y el departamento, pues algunos gamonales y delfines regionales han puesto sus fichas al interior de la UDEC, lo que no permite que la universidad se maneje con autonomía sino que por el contrario dependa de las redes de clientelismo que se tejen desde la gobernación y el congreso, dando la fuerte impresión que la institución es más un botín político que una entidad de progreso y desarrollo social.

Por lo anterior, es que la universidad no ha podido trascender en el campo nacional y más aún en el académico. Sumado a ello la UDEC es una entidad que recibe pocos recursos del Estado y el departamento, pese a que se pueden crear las fuentes y los recursos para potenciar su quehacer educativo y su proyección, por el contrario, su desangre económico ha sido una constante hasta el punto de llevarla a la actual crisis.
En la época que fui estudiante tuve que ver partir a excelentes docentes por motivo de las pocas garantías laborales que les ofrecían a los profesores, de igual manera los incentivos que a estos les otorgaban para crear proyectos y conformar grupos de investigación fueron mínimos; gestionar recursos para eventos académicos, viáticos para representar a la universidad en distintos escenarios científicos, la publicación de textos o, la visita de académicos destacados en el ámbito nacional se convertía en un ruego que no siempre era escuchado. Claro la UDEC organiza algunas actividades, pero en ocasiones creo que es más por aparentar y no producto de un fuerte compromiso con la academia y la sociedad.

También valdría la pena mirar la trayectoria académica de los rectores que han desfilado por UDEC, ninguno ha obtenido grandes logros en su perfil profesional, a diferencia de otras universidades públicas las cuales en su mayoría sus rectores poseen hoja de vida nutrida en cuanto a estudios y procesos construidos. En la Universidad de Cundinamarca valdría la pena hacerse la pregunta ¿Quienes han sido los rectores que han dirigido la institución? Posiblemente se encontrarían sorpresas.

En síntesis, el panorama que se le asoma a la universidad no es el mejor, pero lamentablemente este problema no es nuevo, por el contrario es de vieja data, un caso particular fue que la licenciatura en Física dejó de ofertarse hace algunos años, supuestamente porque casi no había población demandante de dicho programa académico, es decir, desde el campo de la mercadotecnia este programa no era viable, imperando una visión comercial más que una ligada a lo social (factor que debería enfocar la función de una universidad primordialmente).

Uno podría hacer un listado de los problemas que aquejan a la UDEC: falta de garantías laborales a los docentes que desarrollan procesos sólidos y que tienen un compromiso serio por producir conocimiento, los exiguos recursos para generar grupos de investigación, la paupérrima condición de algunas extensiones, la poca ampliación y baja cobertura de los programas académicos a otras sedes (Suacha particularmente apenas tiene dos carreras y una tecnología), la mínima producción de artículos y conformación de revistas indexadas que den cuenta de los procesos que se desarrollan en la U, pero creo que el más agobiante es la existencia de corrupción asociada al clientelismo que anteriormente mencioné.

Para finalizar, debo decir que quiero a mi Universidad de Cundinamarca como exalumno y profesional formado al interior de las aulas de la bella sede de Fusagasugá, y anhelo verla crecer porque sé que tiene el potencial para ello, por eso me veo en la obligación de dedicar algunas reflexiones sobre la crisis que persiste en la U y que lamentablemente ha aumentado. Creo que como cundinamarqueses debemos poner de relieve los problemas que imperan allí para evitar que la U siga en declive.

Así mismo, este también es un llamado a los estudiantes especialmente, para que generen tejido y sólidos procesos de comunicación que les permita pensarse la UDEC. No pueden mantenerse en la pasividad esperando a ver qué acontece con la U, creo que la ética del estudiante no está en sólo cumplir con sacar buenos resultados, sino también en preocuparse por lo que suceda, propiciando verdaderos escenarios políticos de reflexión y dialogo acerca de las problemas que la invaden para desarrollar propuestas y posibles soluciones, pues deben pensar en que ellos también son los precursores de futuras generaciones que harán parte de nuestra alma mater.

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