Esa vieja es una….

Sábado 6 de mayo de 2017, por Títere con cabeza




¿Por qué si se han logrado grandes reivindicaciones, las mujeres continúan invisibles en muchos espacios?

Diariamente buscamos combatir la violencia de género, nos quejamos del vocabulario y las costumbres machistas, las canciones de hoy que denigran a la mujer, aunque las de ayer no se quedan atrás.

Nos preguntamos ¿cuándo alcanzaremos la igualdad salarial?, nos molesta que la ley de cuotas no signifique una verdadera participación de las mujeres, en el escenario político.

Consideramos como uno de nuestros mayores enemigos a la Real Academia de la Lengua, por salvaguardar un lenguaje sexista que no hace diferencia de género.
Mujeres luchadoras, bellas, maravillosas, y comprometidas han trabajado por la igualdad de género y desde el desconocimiento se rotulan como “feministas”, sin ahondar en más detalles, sin saber que una sola palabra no puede contener su naturaleza única.

Son pocos los cargos directivos en cabeza de una mujer, cuando una mujer llega a ser “la jefa”; más allá, de los retos propios de su labor, debe enfrentar una horda de mujeres que ven con desconfianza su actuación, que al primer desacuerdo la increparan en los peores términos.

Entre mujeres hay una creencia que “siempre” será mejor trabajar con hombres, que entre el mismo género son: chismosas, conflictivas, complicadas, etc.; en algunos casos, sin ninguna consideración por la dignidad personal se lanzan improperios y calumnias a la labor que desarrolla una mujer y se colabora de manera gustosa para que salga de su cargo y sea un hombre el “jefe”.

Esto aplica desde la presidencia de una Junta de Acción Comunal, pasando por una gobernación y los frustrados intentos de mujeres a la presidencia del país.

Es necesario empezar a desarmar la violencia de mujer a mujer, más allá de si es un él o una ella, quien ocupa un cargo de alto nivel.

Cuando el perfil, actitud o aptitud de un funcionario o funcionaria sean inferiores al reto que enfrentan, urge encontrar el mecanismo para transformar esta realidad, más allá de emitir tratos denigrantes y reducirlas a expresiones como “buena para nada”, “esa vieja es una...”, “quien sabe que hizo para…”.

La solidaridad de género no puede materializarse sólo en casos de feminicidio, debe ser una labor diaria de compromiso y cambio de costumbres.

Antes que sea tarde: directoras, gerentes, jefas, lideresas; felicitaciones por llegar hasta donde han llegado, tienen enormes retos y uno de ellos es abrir el camino a más mujeres, es posible que se equivoquen, que no sean perfectas o tal vez que sean un poco tercas y groseras, pero también hay hombres así y no por eso pedimos su cabeza.

Así como se defiende el “todos y todas”, que se defienda a las mujeres jefes y jefecitas, aunque a veces nos parezcan algo “brujas”.

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