Ni rajan ni abren la puerta

Domingo 30 de julio de 2017, por Títere con cabeza




Vuelve y juega, siempre la queja, quejadera y más quejas, que en Soacha NO HAY: vías, escuelas, puestos de salud, funcionarios, falta fuerza pública y sigue lo mismo que no hay recursos, no hay nada.

Una de las explicaciones a esta situación es que cuando se realizó el censo DANE del año 2005 la totalidad de la población no fue incluida y quedó un número mucho menor, lo cual dio como resultado proyecciones inferiores a la realidad y esto generó que del presupuesto nacional se destinaran menores recursos para el municipio.

Se han dicho varias cosas respecto al censo del 2005, una de ellas que los encuestadores no llegaron a todas las viviendas, otra que al parecer para ese momento había un gran número de personas en condición de desplazamiento que no tenían interés en ser incluidos por temas de seguridad y por lo tanto no quedaron registradas.

Doce años con transferencias de recursos públicos a partir de datos equívocos que hacen cada día más difícil atender las necesidades de una población creciente, un territorio que por su cercanía a Bogotá D.C. recibe población que por diferentes motivaciones busca abrirse camino en la capital.

El actual alcalde del municipio, después de año y medio de gestión con diferentes intervenciones de carácter público expresando la aguda crisis del municipio, como un ejercicio práctico para explicar la necesidad URGENTE de un censo, ha decidido con su equipo de más de 1.000 funcionarios realizar su propio censo.

Para lograrlo, desplegó la estrategia “conoce a tu vecino” con el apoyo de los líderes comunales y hacer recorridos por el municipio donde los funcionarios y contratistas iban “casa a casa” registrando el número de población con preguntas muy sencillas: ¿cuántos viven en casa?, ¿edades? y ¿género?

Cuando llegó el día, aquellos de la quejadera ni siquiera abrieron la puerta para este ejercicio; los que abrieron llenaron de madrazos a los funcionarios, otros tuvieron miedo que les fueran a subir el predial, algunos temieron a los ladrones “públicos”, hubo comunales con teléfonos rotos, desviaron la información, otros contratistas cambiaron de actividades y se perdieron de su función y del camino a censar.

Esperemos los resultados, por ahora comentarios de un lado y del otro con un bajo nivel de satisfacción frente al ejercicio.

Si la esperanza del municipio para subsanar el déficit financiero es el nuevo censo, de mantenerse el mismo esquema utilizado como prueba, muy posiblemente será mejor que la secretaría de Hacienda empiece mejor a destinar presupuesto para comprar el baloto y de esta manera tener una posibilidad de recibir más recursos.

O tal vez racionalizar el gasto, controlar la evasión, optimizar la recaudación, incentivar a las empresas en lugar de sacarlas corriendo, reducir las coimas, negociar en favor del municipio y no regalarlo por monedas ínfimas. Porque un nuevo censo puede arrojar nuevamente un dato menor de población. Por lo tanto, es necesario pensar en un municipio con capacidad de atender con recursos propios sus necesidades.

Como decía la abuela cuando alguien no servía para nada, pero tampoco dejaba: “Ni raja ni presta el hacha”

Aquí se raja mucho a punta de lengua, pero ni siquiera se acciona abriendo la puerta para un pre censo y así pues no se puede. O nos resignamos con un panorama con tendencia a empeorar, o nos abrimos las puertas a creer en este territorio y al censo.

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