PTAR de Soacha es clave para salvar el río Bogotá

Domingo 4 de febrero de 2018




Entender para qué sirve la planta de tratamiento de aguas residuales de Canoas no es fácil para muchos, especialmente cuando se cree que el Distrito planeó su ubicación intencionalmente en territorio soachuno, y no fue así. Soacha es el sitio adecuado por las condiciones mismas del río Bogotá.

Para entender la importancia de la obra, que cuesta alrededor de 4.5 billones de pesos, hay que hacer un recorrido por el río y ver la evolución de su contaminación.
Expertos de la CAR hicieron un estudio de sus aguas para conocer dónde comienza la contaminación, cómo evoluciona y en qué zona se agudiza.

En la entrada a Bogotá, límites con Cota, el río sigue vivo, incluso los campesinos de la región pescan y sacan cangrejos para vender, pero apenas empieza a recibir toda la contaminación de los cerca de 10 millones de habitantes de la capital, el río muere. Solo en esos 68 kilómetros de tránsito por la ciudad, de los 308 por los que se extiende, capta el 80% de toda su contaminación.

La CAR y las autoridades ambientales dicen que hay tres puntos claves donde el río se contamina, y había que buscar hacer la planta en un sitio donde realmente sirva.

El primer punto es en la desembocadura del río Salitre. En esta unión recoge las aguas residuales de 2,5 millones de habitantes del norte de la ciudad y pasa de la categoría cuatro (apta para riego) a la ocho, la peor que existe en cuanto a contaminación. Cualquier vida muere de inmediato y aparecen los olores fétidos y el agua se tiñe de negro. Los desechos orgánicos (las heces, sobre todo) consumen el oxígeno durante su proceso de descomposición y dejan su nivel de concentración en ceros. Con ese indicador se puede decretar la muerte instantánea del río.

En este primer punto se construyó la PTAR Salitre, pero su primera etapa sólo trata cuatro metros cúbicos por segundo, de los 15 que recibe. Por eso esta planta se encuentra en proceso de ampliación para aumentar su capacidad y que el tratamiento que se le aplique allí al río sea más profundo y efectivo.

El segundo punto contaminante lo recibe el río en Fontibón, cuando las aguas del Fucha se vierten en su cauce con todos los desechos que recoge ese afluente, sobre todo en su paso por la zona industrial de Puente Aranda. En el lugar de la desembocadura se ven unas pequeñas burbujas que estallan sobre la superficie y hacen pensar que hay oxígeno disuelto en el agua. Pero explican los técnicos de la CAR, ese es el efecto de toneladas de detergente usadas en los hogares bogotanos.

El recorrido continúa en el mismo sentido que avanza la corriente y una imagen se vuelve constante: la de los tubos que vierten los desechos líquidos y grises de fábricas y fincas aledañas.

Antes de llegar a Soacha, el río recibe el último golpe en su paso por Bogotá. La desembocadura del Tunjuelo se advierte porque el olor fétido se intensifica. Allí se descargan los residuos de las actividades industriales del sur. Las aguas terminan su tránsito por Bogotá en estado crítico.

Lo anterior hizo que las autoridades pensaran en Soacha, porque hacia abajo la contaminación es menor. Había que ubicar la planta en un sitio donde ya no reciba la contaminación de la capital. Por eso en Canoas se construye la más importante planta de tratamiento que descontaminará las aguas del río Bogotá, en donde el Distrito pondrá 2,94 billones de pesos, la CAR 1,5 billones y el Departamento, 61.000 millones de pesos.

La proyección es que para 2024, la planta del Salitre se encargaría de dejar en condiciones aceptables las aguas del río que lleva su mismo nombre, antes de que desemboquen en el Bogotá. Y la planta de Canoas haría lo propio con el río Fucha y el Tunjuelo.

Así las cosas, se pretende que las aguas del Bogotá sean aptas para riego y actividades agropecuarias.

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