Viernes Santo, tradición, respeto y mitos para los católicos

Viernes 30 de marzo de 2018




El Viernes Santo es el día durante el cual se conmemora la pasión y muerte de Jesucristo en la cruz. Si bien la historia no cuenta con exactitud el año en que comenzó esta celebración, todo indica que desde los primeros siglos de la era cristiana se han realizado actividades religiosas para recordar el sufrimiento de Jesús, aunque se hicieron públicas sólo después del siglo IV d.C.

Aunque los primeros cristianos fueron fieles a Jesús y después de su muerte los 12 apóstoles se dispersaron por diferentes partes del mundo, hay que recordar que fueron perseguidos a muerte, especialmente por los romanos. Hasta el Concilio de Nicea, en el año 325, las iglesias cristianas eran incendiadas y quienes profesaran esta religión eran perseguidos y su patrimonio confiscado. Particularmente bajo el emperador Diocleciano (245-316) se intensificó la persecución al cristianismo.

El 27 febrero del año 380, el cristianismo se convirtió en la religión exclusiva del Imperio Romano por un decreto del emperador Teodosio, y sólo a partir de esta fecha fue que los cristianos tuvieron la libertad de predicar “la palabra de Jesús” y empezar celebraciones que recordaron el legado de quien fuera su maestro.

El decreto unió las raíces judeo-cristianas del continente europeo con la cultura greco-romana y dio vía libre a esta religión que sufrió una gran persecución durante cerca de cuatro siglos.

En cuanto al Viernes Santo hay dos documentos de venerable antigüedad (la Traditio Apostolica de San Hipólito y la Didaskalia Apostolorum, ambos del siglo III) que testimonian como práctica común entre los cristianos el gran ayuno del Viernes y Sábado previos a la Vigilia Pascual.

Sin embargo, hubo que esperar hasta finales del siglo IV d.C. para encontrar, en Jerusalén, las primeras celebraciones litúrgicas de la Pasión del Señor: se trataba de una jornada dedicada íntegramente a la oración itinerante; los fieles acudían del Cenáculo (donde se veneraba la columna de la flagelación) al Gólgota, donde el obispo presentaba el madero de la Cruz. Durante las estaciones se leían profecías y evangelios de la Pasión, se cantaban salmos y se recitaban oraciones.

Los testimonios más antiguos de una liturgia de Viernes Santo en Roma proceden del siglo VII. Manifiestan dos tradiciones distintas, y han llegado a través del Sacramentario Gelasiano (oficio presbiteral con adoración de la cruz, liturgia de la palabra y comunión con los presantificados) y el Sacramentario Gregoriano (liturgia papal, limitada a lecturas bíblicas y plegaria universal).

Desde entonces el Viernes Santo es, fundamentalmente, un día de duelo durante el cual se recuerda la crucifixión de Jesucristo en el Calvario, quien se sacrifica para salvar del pecado a la humanidad y darle la vida eterna. De allí que la cruz se haya tomado como el símbolo de la gloria para la adoración de los cristianos.
Pero la celebración del Viernes Santo ha estado cobijada por una serie de costumbres, mitos y hasta agüeros que aún permanecen en el seno de las familias más conservadoras del mundo.

Si bien desde el siglo III comenzó la práctica del ayuno como símbolo de respeto y sacrificio, y a finales del siglo IV d.C. se llevaron a cabo las primeras celebraciones litúrgicas de la Pasión del Señor, paralelamente fueron creciendo diferentes prácticas que obedecían a las creencias de los cristianos de la época.

Durante siglos se ha mantenido una serie de mitos y agüeros que simbolizan respeto por la muerte de Jesús:

No comer carne durante los días santos

Aunque en ningún pasaje de la Biblia dice directamente que las personas deben dejar de comer este alimento para recordar a Jesús, esta tradición se instauró como una manera de honrar la penitencia del propio hijo de Dios, quien pasó 40 días en el desierto en ayuno. La iglesia recomienda que los cristianos se abstengan de comer cualquier alimento (no necesariamente carne) para hacer un sacrificio, tal y como lo hizo Jesús, pero sugiere que lo que se deje de comer se comparta con los pobres.

No se debe rumbear, ni fumar, ni consumir bebidas alcohólicas

Para el historiador Albeiro Valencia Llano, en el sacrificio del Viernes Santo los cristianos incluyen la abstinencia de diversiones. No se debe escuchar música profana, sólo música sacra; no se puede bailar, menos rumbear, es pecado fumar o acercarse al humo del cigarrillo que otro esté consumiendo; y no está permitido tomar ni ir a trabajar en el alambique, que era el aparato utilizado anteriormente para destilar aguardiente.

Incluso, se abstenían de los tragos el Jueves, Viernes y Sábado Santo. En 1820, más que café, los campesinos se tomaban medio vaso de aguardiente y después de eso bebían media taza de agua panela caliente con un poquito de café.

El cabello crece más rápido y más bonito si se corta a las 3:00 de la tarde del Jueves Santo

Eso tiene que ver con la luna menguante y hasta con el crecimiento de los jardines. En el campo donde se fijaban, y aún se fijan, en las fases de la luna para determinar el manejo de las cosechas. Se dice que si uno siembra en creciente la planta crece rápido, pero no bonita. En cambio, si es en menguante, sale frondosa y florece. Igual, si el cabello se corta en menguante, se supone que crece bonito, grueso y brillante.

Resulta que casi siempre el Jueves Santo coincide con esa fase de la luna, menguante. Incluso hoy en día las señoras siembran ese día y los peluqueros les recomiendan a sus clientes que se corten las “punticas” del cabello.

No se puede participar en juegos de azar

Eso es clave. Si usted juega el Jueves, Viernes o Sábado Santo, va a perder todo lo que ganó y se va a arruinar una vez termine la semana, según la creencia popular, que se basa en la historia de Judas Iscariote.

No se puede martillar

Eso se relaciona con la pasión de Cristo, la mentalidad colectiva lo asocia con estarlo clavando en la cruz, por lo tanto lo consideran no como pecado venial, sino mortal.

No se puede hacer oficio casero

Esto contribuye al ayuno y a la oración, porque hacer oficio distrae del recogimiento propio de la Semana Santa e implica pasar más tiempo en la cocina. Entonces, la gente preparaba la comida desde el miércoles y la calentaba los otros dos días o hacía cosas muy livianas.

Por esa prohibición de trabajar, es que también se dice que es malo viajar. En ese tiempo, los que más se desplazaban eran los arrieros y lo hacían para comerciar productos, es decir, para trabajar.

"Seguramente, algún día un arriero dejo mal atada su mula, esta se le voló y tuvo que buscarla por horas. Eso dio pie al rumor que el duende, la patasola o la madremonte le hacían la maldad por trabajar un día santo y, posteriormente, se transformó en el agüero de los viajes", replicó Valencia.

Conclusión

Si bien todas estas costumbres y tradiciones han cambiado, y las generaciones actuales no creen en ninguno de estos mitos o agüeros, hay que reconocer que el respeto se ha venido perdiendo y buena parte de las personas toman la Semana Santa como temporada de vacaciones, rumba y diversión, y olvidaron que tradicionalmente ha sido época de reflexión, memoria y respeto a Jesús.

“No se trata de quedarse en agüeros como no bañarse el Viernes Santo por el temor a convertirse en pescado, pero tampoco ir al otro extremo y coger los días santos para rumbear, drogarse y practicar sexo sin control. Hay que buscar un equilibrio y respetar a quienes aún guardan la memoria de Jesús crucificado”.

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