Cosas que NO hay que hacer en el 2016

Viernes 22 de enero de 2016, por Juan Manuel Ruiz




Leí este fin de año una entrevista que le hicieron al escritor norteamericano William Burroughs, uno de los genios de la generación Beat, en la que dijo que uno de sus propósitos siempre fue escribir un libro con la lista de las cosas que no había que hacer en la vida.

Claro, me imagino que Burroughs tenía esa tarea pendiente después de haber matado a su mujer en medio de un juego en el que ella se puso un vaso sobre la cabeza y él le apuntó a derribarlo de un balazo, pero falló.

Así que siguiendo la corriente de Burroughs, me he puesto a hacer una lista de cosas que NO hay que hacer, como una fórmula contraria pero igualmente efectiva ante tantos propósitos que siempre hacemos cuando comienza un nuevo año. Y que casi nunca cumplimos.

Entonces, aquí va mi lista, que creo que es muy realizable y factible:

No desperdiciar el agua. Mockus nos enseñó hace muchos años a usar un balde debajo de la ducha para aprovechar el agua y reutilizarla después, bien sea en el inodoro o para lavar ropa u otros menesteres. Pues bien, vale la pena practicar esta fórmula de ahorro, con disciplina y optimismo. Reducir el tiempo bajo la ducha también ayuda. Y bañarse en compañía, aún mejor. Es una manera de aceptar que el mundo sí se va a acabar, pero a pedacitos. Se está acabando el agua. También la nieve. Y se está acabando el frío.

No botar la comida. El ejercicio lo puede hacer uno en la casa o en un restaurante. ¿Cuánto de lo que le sirven en el plato se lo come y cuánto lo bota? Es una barbaridad la cantidad de comida que se arroja a la basura. En ese sentido, trate de alinear el ojo con el estómago. Es preferible repetir o pedir más, a pedir porciones grandes que después va a dejar por la mitad y nadie se va a comer. Recuerde que hay millones de personas muertas de hambre en las calles que necesitarían de un solo pedazo de pan para revivir.

No tenerle miedo al bus. Bien sea en TransMilenio, en el MÍO o en TransCaribe, lo cierto es que hay que dar el salto del carro al bus. Me llama la atención que hay muchísima gente que no ha dado ese salto por pena, porque les da oso decir o reconocer que montan en bus y que no llegan al trabajo en carro o en taxi. Pues bien: por más Peñalosas que gobiernen las ciudades, los trancones no se van a acabar por una simple fórmula matemática: hay más carros que vías. Y a más trancones, más posibilidades de atraco en las esquinas. No le dé pena, monte en TransMilenio, es más rápido y eficiente.

No dejar de caminar. Así como montar en bus es más ágil y eficiente y ayuda al planeta a eliminar las emisiones contaminantes, caminar es bueno para la salud y alienta la mente para la reflexión y el pensamiento. Caminar cuarenta minutos diarios es magnífico, le permite disfrutar la ciudad, conocer sus recovecos y ver gente. Y ayuda a la salud, a mantenerse en forma. Recuerden que la inmovilidad lleva a la obesidad y la obesidad a la diabetes y al infarto.

No pegarle a una mujer. Lo he escrito en Twitter y lo reitero muchas veces al aire en RCN RADIO. Mujer: el primer grito avisa el primer golpe. El primer golpe avisa una paliza. De la paliza a la tragedia hay un solo paso. Mujer, no tolere uno solo amague o golpe de su pareja. No justifique a esa bestia por nada del mundo, dizque porque lo ama. Y usted, amigo: no sea salvaje, no le pegue a una mujer, ¡animal!

No incubar más odios y resentimientos. Una buena manera de comenzar el año es borrar el pasado, olvidarse de lo malo y comenzar de cero, cero kilómetros. Los odios, los sinsabores, las peleas del pasado, dejarlas atrás, olvidarlas y –si le alcanza la nobleza, perdonarlas—. El odio en el corazón amarga la existencia. Arrancar sin prevenciones es la mejor manera de tener tranquilidad en el camino.

No botar la plata en cosas que matan. Por ejemplo y para ser contundentes: no más plata en cigarrillos y no más plata en pólvora. Por ahí se comienza. Y de ahí para allá la lista es larga. No más plata en regalos suntuosos a niños que lo tienen todo y que los van a dejar en el armario. Y no más plata en fechas chimbas que se inventaron los comerciantes: día de la Madre, día del amigo, día del padre, día del amor y la amistad, día del niño y así. Haga con esa plata una buena obra de caridad y no le cuente a nadie. Dónela a una fundación. Es más placentero para el espíritu y menos hipócrita.

No dejar de leer. Por más bombardeado que esté por la televisión y por las famosas redes sociales, regálese este año el gusto de leer un libro. Preferiblemente si es un buen libro, porque esto lo motivará a seguir leyendo y a buscar otro. Hay muchos y muy buenos autores y vale la pena leerlos. Porque leer es vivir, es soñar otras vidas, es viajar. Leer es un placer, no se prive de él.

No perder las ilusiones. Una vez más, que se caiga todo, incluso el pelo, pero no las ilusiones. Mantener la esperanza y la fe ayudan a seguir a pesar de las dificultades, de los obstáculos y de los sinsabores. Es verdad que no por mucho caminar en el desierto se llega a la tierra prometida, pero si hay fe e ilusiones el camino es más fácil y más llevadero. Que los sueños no se pierdan. Soñar hasta el último momento de nuestra vida.

No dejar de vivir la vida. Cada segundo que pasa es una vida que se va. El ocio sí es la madre de la filosofía, pero no todos los ociosos son filósofos. Así que a vivir cada segundo con intensidad, pasión, amor. Para dormir está la eternidad. Como solía repetir el gran Quincy Jones: hay que vivir cada día como si fuera el último porque algún día será verdad

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